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lunes, 6 de diciembre de 2010

¿QUE HACER?

VLADIMIR ILLICH (LENIN)


Nos toca a nosotros, quienes nos sentimos identificados con la revolución hacernos y tratar de contestarnos esa trascendental pregunta. Porque de la respuesta que nos demos dependerá el rumbo que tomen las cosas y marcará el avance o retroceso que se produzca en pos de los cambios reales y necesarios, en suma , del proceso revolucionario.
¿Seguiremos con las tácticas tradicionales que incluyen marchas, actos de protestas multitudinarios,(la más de las veces sin multitud).? ¿ O la fanática e irracional tarea de crear nuevos partidos revolucionarios, vanguardias de la clase obrera, reproduciendo hasta el infinito esa masturbación militante?
¿A alguien se le ocurre pensar si el pueblo en su conjunto está dispuesto a compartir estos métodos que ya han demostrado hasta el cansancio que amén de no servir para gran cosa, en la actualidad son funcionales a la clase dominante?
¿A alguien se le ocurrió arrimarse al pueblo con la boca cerrada y las orejas bien abiertas para saber que es lo que piensa y a que aspira ese pueblo que como militante idealiza? Si así lo hiciera aventando todos los prejuicios y desviaciones que nos han metido en la cabeza todos eso partidos “revolucionarios y de izquierda”, se daría cuenta de al menos dos cosas: una, que el pueblo es capaz de elegir si encuentra la conducción adecuada a sus intereses y dos, cuanta basura teórica nos han hecho tragar esos partidos “revolucionarios, de izquierda y vanguardias indiscutidas de la clase obrera”.
Personalmente he pasado por esas experiencias y puedo dar fe de lo que digo y de lo que aprendí a pensar. Y he palpado esa predisposición del pueblo y de muchos integrantes de la clase obrera. Que si bien necesitan una dirección, no necesitan un Moisés que los conduzca como borregos a la tierra prometida. Porque son capaces de actuar en una perfecta relación dialéctica,(otra ciencia que desconocen, o si la conocen la desprecian los seudo revolucionarios), con esa dirección a la cual moldean y con la cual coparticipan.
Por eso creo firmemente que la respuesta a esa crucial pregunta es: despojarse de todos los prejuicios partidarios, y con ellos tirar al carajo distintivos, banderas, pancartas y todo lo que pueda identificarnos ante el pueblo como integrante de esas agrupaciones semi carnavalescas. No para mimetizarnos y dar falsas imágenes, sino convencidos totalmente de que es necesario estar realmente junto al pueblo sin la intención de catequizarlo. De ser pueblo con conciencia, pero pueblo al fin. Si el pueblo se percata de nuestra actitud sincera, y doy fe de que lo hace, adoptará con seguridad nuestra conciencia revolucionaria y se constituirá en una fuerza imparable. Cierto que todo ello constituye un proceso. Determinar a priori cuanto durará,(medido en años), es imposible. Pero cuanto más demoremos en iniciarlo, más se tardará en realizarse.
Se que sueña a sueño irrealizable, propio de un teórico medio trasnochado. Pero hago mías las palabras de otros revolucionarios. John Lennon escribió en su canción Imaginate “puedes decirme que soy un soñador, pero no soy el único”. Y estoy seguro que andan por ahí dispersos y sin acertar que hacer todavía, muchos “soñadores” .
Cuando pienso en que somos pocos pienso en lo que Cristo dijo a sus discípulos. Doce desarrapados que revolucionaron el mundo. Y les habló de que eran la sal de la tierra, que aunque poca daban sabor a todo; o que eran como la levadura, una pizca capaz de leudar toda una masa.
Y más acá la frase que escribió el Che a su madre a poco del desastroso desembarco en Cuba. “somos dieciocho boludos empeñados en hacer la revolución. Y la vamos a hacer, carajo” .
Cuando me da por pensar en lo poco que hago en pos de esa idea,(apenas sentarme a teclear con un par de dedos hábiles que rescato de una enfermedad que me tiene anclado a una silla), recurro a la frase de la Madre Teresa: Quizás lo que hacemos sea una gota en el océano, pero el océano no será el mismo sin esta gota”

CHE CACHO




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